Dos Madrileños disfrutando Panamá

Viaje a Florida – Miami

Tras navegar entre cocodrilos y recorrer los manglares de Florida, dónde aún habitan indios locales (con Casino y todo…) nos dirigimos a la capital Latino-USA a disfrutar de civilización, playas de moda y gente guapa!

Ya nos íbamos haciendo poco a poco con el sistema de carreteras de Florida y aunque algún desvío de más cogimos, entramos en Miami por todo lo alto: recorrimos la famosa Calle 8 de cabo a rabo.

La idea era desembocar en el puente que nos llevara a Miami Beach pero acabamos en una de las islitas artificiales bastante lujosa: Brickell. Tras corregir el error vino un buen espectáculo. El puente que cruza la bahía hasta South Beach está en un lado rodeado de edificios gigantes a lo yanqui, pero al cruzar llegas a otro lugar, sobre todo en los alrededores de nuestro hotel, con edificios de dos plantas, estilo Art Deco y mucha gente en bicicleta.

A nuestro hotel – el Chesterfield – hay que reconocerle los méritos y los males. Está genialmente situado, a dos minutos de la playa, en medio de la calle de tiendas y más turística, no fue muy caro, está bien decorado y tiene barra libre para huéspedes entre las 7 y las 8. Bueno, ¿eh?

Pues buenos también fueron sus errores: nos pusieron el caramelo de una habitación encima de recepción por la buenas migas que hicimos con el Macedonio que nos atendió, grande, tranquila y con un jacuzzi dentro, pero al entrar en ella ¡sorpresa!: vimos ropa por todos lados, unas tablas de surf, la cama desecha y una botella de whisky en la mesilla. Resulta que aún estaba ocupada. Por lo tanto, plan B, nos llevaron al edificio de al lado a otra habitación más pequeña, con ventana a un callejón y nada de jacuzzi. En honor a la verdad, si nos la hubieran dado desde el principio nos hubiera encantado, pero claro, tras ver lo otro…

Pero vamos a lo bueno, ¡que estábamos en South Beach Miami!

Esa tarde-noche nos dimos una última paliza al cuerpo para reconocer la zona. Interesante y divertido, con muchas tiendas de souvenirs, pero también de moda, tatuajes, de skate y bicicletas y bastantes bares. Incluso localizamos un sitio en el que comeríamos al día siguiente, el típico café “diner” de metal brillante all-american!

No estábamos para muchas más alegrías para el cuerpo, así que decidimos aprovechar nuestra habitación y pedimos una pizza a Domino’s. La sorpresa fue que mientras esperábamos nuestro manjar en el porche del hotel, vimos a una chica de uniforme Domino’s salir de UN COCHE negro, y además gigante (un Cadillac o algo así) y sacar la pizza del maletero. Flipamos, ¡la verdad!

Al día siguiente, ya recuperados y en plena forma, nos lanzamos a lo más importante del lugar: la playa. Si señores, antes de las 9 de la mañana ya estaba el que escribe con su chica entre dunas al sol. La playa es gigante, no sólo de largo, sino también de ancho. Cierto es que no es tan bonita como las islitas panameñas con cocoteros y agua transparentes, pero también se agradece una playa grande, en la propia ciudad y con todas las comodidades.

Tras varios chapuzones, fotos (una genial sesión con la linda modelo…), leer un rato y lo típico que se hace en la playa (entre Vera, Ondarreta o South Beach no hay mucha diferencia) y tras cansarnos de ver a gente correr, hacer ejercicio y en general lucir palmito, volvimos al hotel para comenzar la segunda fase de visita.

Esto no era otra cosa que un buen paseo por las calles más conocidas de SoBe (South Beach, para entendidos…) como Española Way o Lincoln Boulevard. Toda la zona está plagada de edificios de tipo Art Deco de lo más pintoresco, con colores pastel y formas redondeadas que nos encantaron. Aunque algun edificio destartalado también había… Eso sí, vimos tiendas de todo tipo: una con un escaparate formad por decenas de máquinas de coser Singer, otra de skate y bicicletas que parecían motos Harley, una galería con obras del brasileño Britto, todo un icono en Miami… Todo genial, haciendo hambre para ir luego al dinner que os comentaba, de esos que hemos visto todos mil veces en las películas. La verdad es que, además, la gente fue en todos lados de lo más amable. Vamos, hasta nos pedían el carnet para beber una cerveza, decidme si eso no es un piropazo!

Tras reponer fuerzas, ¡no había tiempo para el descanso! Al coche nos fuimos a recorrer zonas más remotas. Nos habían hablado muy bien de un hotel, el Biltmore, que según leímos había sido lugar de encuentro de artistas (como una academia), pero también hospital de guerra y finalmente hotel. Muy lujoso, con un estilo bonito y con toques españoles, como la Torre parece ser que inspirada en la Giralda, o el patio, de lo más andaluz. En el hall contaba con unas grandes jaulas con pájaros de colores y una piscina gigante en un lateral.

Con poco tiempo para más, ya que la tarde se echaba encima, decidimos apurar con una visita más detenida a la zona Cubana de Miami, la Calle 8 y sus alrededores. Bien, la zona es curiosa, visitamos el Café Versailles, con su famoso café y bollos y oímos conversaciones políticas, y no políticas, tanto en la barra de la terraza del café como en el parque del dominó, pero no es que el ambiente fuera demasiado sorprendente. Creo que por culpa de la hora y de día de la semana, aunque hay que reconocer que el colorido de los frescos, la estrellas de artistas en el suelo (conocíamos a pocos, por cierto) y oir ese acento español tan característico, fue curioso, sin duda.

Pero no era el único recuerdo de España que nos llevaríamos en el viaje: por la noche quedamos con un grupo de españoles, con el que habíamos hecho contacto porque uno de ellos, Javi, viajó a Panamá y acabamos de copas a las mil en un Casino. ¡Y eso une!

Nos vino a recoger en su coche y nos fue presentando gente mientras bebíamos unas cervecillas en un sitio español que iban a inaugurar en breve. Pero la gran sorpresa fue cuando llegamos a un… ¡Cien Montaditos! Vale, no es el sitio que más frecuentemos en Madrid, ni nos apasiona, pero es que además de los montaditos… ¡servían Mahou! La cerveza panameña está buena, pero es que una mahou…

No nos extendimos mucho, estábamos agotados, así que tras charlar un rato más con el grupo nos acercó Javi de nuevo, porque al día siguiente nos tocaba coche para llegar a ¡¡¡DISNEY WORLD!!!

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2 comentarios

  1. Cris

    Me habéis despertado muchos recuerdos…muy buenos!!!Snif, snif…
    Espero que lo disfrutarais!!!
    Mil besosssssssosssssssssssssssssssssss

    21 junio, 2011 en 7:23

    • jjsan

      Me alegro de que te trajera buenos recuerdos! La verdad es que nos lo pasamos genial y vuestras recomendaciones nos sirvieron mucho. Ah! Y muchas gracias por estar siempre ahí leyéndonos y por tus comentarios! Muchos besos, Cris!

      21 junio, 2011 en 14:01

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