Dos Madrileños disfrutando Panamá

Chiriquí II

Por las tierras altas

¡Qué poca seriedad tenemos! Sobre todo yo, con la publicación de los posts…

Bueno, sin excusas, os relato la segunda parte de nuestra estancia en Chiriquí, y en este caso son las tierras altas con todas sus consecuencias: niebla, selva, caminatas, ¡aventura!

Tras conocer bien Boquete, la Finca Lérida y los alrededores, nos decidimos a acercarnos a la otra zona importante de la región: Cerro Punta y alrededores. Se trata de un buen trayecto desde Boquete, pero nos lanzamos con muchas ganas.

En esta parte, aunque el camino puede que sea menos florido que Boquete (que no los pueblos), sí que hay una vegetación impresionante, incluso a los lados de la carretera. Hay varios pueblos muy pintorescos, como Bambito, el propio Cerro Punta o Guadalupe, e incluso una curiosa comunidad llamada Pequeña Suiza, donde hay incluso casas de estilo digamos tirolés que hacen que te plantees seriamente dónde narices has acabado.

Una vez llegados prácticamente al final de la carretera, en Guadalupe,  descubrimos un pequeño mercado local, muy animado, y con interesantes productos y muchas flores. Además, es donde se encuentra un hotel que nos habían recomendado: Los Quetzales, con un precioso jardín y muchas actividades disponibles. Quizás en otra visita nos alojemos allí.

Tras preguntar en el hotel, nos fuimos a nuestro principal destino: el Parque Internacional de La Amistad (o PILA). Lo de internacional es porque es compartido entre Panamá y Costa Rica. Otro caminito en coche, que menos mal que era 4×4, y llegamos a la caseta del guardabosques donde vimos las rutas posibles y algunos habitantes del bosque que preferíamos nos encontrarnos.

No había más que lanzarse a la aventura. Nos decantamos por la ruta de la Cascada, 3,4 km con recompensa al final. Parecía factible, nos auguraron un par de horas, tres si nos parábamos mucho, pero nada que asustara. Ya nos podrían haber metido algo más de miedo – o cordura – antes de salir…

Menuda paliza. Sobre el papel no parece mucho pero el camino fue una tortura. Al principio el suelo  era de piedras muy empinado que se iba desprendiendo, luego llegó nuestro amigo el barro y más desniveles, luego para ayudar a los incautos habían instalado unas placas de madera en el suelo, pero debió ser cuando  Balboa campaba por la región, porque se movían por todos lados y resbalaban de lo lindo. También encontramos escaleras y pasarelas de madera, pero la falta e algunos escalones o barandilla asustaba un poquillo. A ver, mejor eso que nada, y las placas de madera que conservaban una malla de metal estaban bien, pero no dejamos de pisar primero y sujetarnos el uno al otro todo el camino.

Hubo un par de momentos de descanso con sendos miradores. Las vistas no llegaban muy lejos, pero el paisaje cubierto de niebla era una maravilla. Esos fueron momentos de debilidad, de tentación: ¿nos volvemos ya? Y entonces llega el efecto que Cris llama “del opositor”: ¡joe, si hemos llegado hasta aquí no nos vamos a volver, vamos hasta el final! Sabias palabras, que pagamos con sudor. Por cierto, el punto más alto estaba a 2.500 metros, que ya es algo.

Empezaba el descenso hacia la cascada y tras cada esquina nos repetíamos, entre quejidos y sufrimiento, “bueno, una curva más y si no está, nos volvemos”. Pero nunca llegaba el maldito chorro. Además, nos empezó a asaltar otra duda, más jodida. Habíamos llegado apenas hasta allí, pero ¿y la vuelta? ¿Seríamos capaces? Eso fue un duro golpe a nuestra moral. Pero no desfallecimos y llegamos hasta el agua, incluso bajo amenaza de lluvia (eso sí hubiera sido la perdición…)


Y aquí está la prueba, unos diez minutos de fotos y volvimos a la ruta. Se trataba de un pequeño remanso en el que podía ver la cascada,  de unos 40 metros aunque no lo parezca. No sé si mereció la pena el trayecto, pero haber llegado al final nos dio bastante alegría. Tras lo que habíamos pasado, el primer tramo de subida se hizo eterno. Aquello de “la vuelta se hace más corta” debe cuando vas en coche. Luchamos contra desniveles de casi un metro, barro, escaleras fragmentadas y mil cosas más. Por fin llegamos al punto más alto, y ya solo quedaba la bajada, más amena aunque con las ansias de terminar con el asunto.

Nos quedaba un golpe a nuestro orgullo aún cuando vimos a un chaval de 12 años subiendo como cabra montesa sin inmutarse a una altura en la que nosotros ya pedíamos el cambio, aunque tampoco creo que llegara muy lejos. Pudimos asustar a un grupito de jóvenes españoles también medio muertos más adelante y eso compensó ligeramente.

Aquí algunos detalles del camino:

Una vez abajo, corrimos al coche sin dudar. Pero nos habíamos planeado ir a Finca Drácula, un jardín donde cultivan orquídeas con miles de variedades, y como los planes son los planes, exhaustos allá fuimos a tirar todas las fotos posibles y disfrutar de la flores en el ordenador, porque in situ teníamos pocas fuerzas para ello. En el próximo post pondremos exclusivamente fotos de las flores.

Lo mejor, llegar a nuestra querida habitación de la maravillosa finca, echarnos un rato en la hamaca y disfrutar de las vistas y de un merecido descanso. ¡Pocos momentos recuerdo en los que haya estado tan cansado!

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Una respuesta

  1. Salxixas de Rincón Alemán

    Solo quiero hacer 3 puntualizaciones:

    1) Jaime, vaya pintas tienes en la foto que sales junto al coche después de estar talándo árboles.

    2) En la última foto, las manos van al pan.

    3) En el Rincón Alemán otra cosa no, pero salchichas tenemos a tutiplen, tu pagas 10 dolita y a comer salchichas como un loco.

    19 mayo, 2011 en 4:57

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