Dos Madrileños disfrutando Panamá

De vuelta a la ciudad y excursión a Gamboa


Después de nuestro viaje a Bocas, regresamos a la ciudad. Jaime tenía que trabajar un par de días, así que nosotros tres nos fuimos a hacer las visitas de rigor: El Canal, el Casco, La Calzada de Amador, un poco de “choping” como dicen por aquí…, y una visita al Panamá Viejo, que yo aún no conocía.

Panamá Viejo, es el lugar donde se asentaba la ciudad de Panamá originalmente. Fundada a principios del XVI, la ciudad fue arrasada por las llamas en 1671 como consecuencia del ataque del pirata Henry Morgan.

Según comprobamos, Morgan debió de llegar con todos los piratas del caribe (o más bien del pacífico en este caso), porque la extensión de las ruinas es bastante considerable, y parece increíble que un incendio pudiera acabar de golpe y plumazo con todo aquello, haciendo que la población construyera una nueva ciudad kilómetros más lejos (actualmente es el Casco Viejo). La ciudad contaba por aquel entonces con unas cinco mil casas, varios conventos y una gran catedral.

Las ruinas no son espectaculares, pero la estructura de la catedral está bien conservada, y uno puede hacerse una pequeña idea de cómo era entonces Panamá.

Paseamos entre guayacanes, típico árbol panameño de flor amarilla, y flamboyanes, acacias rojas, y después subimos a la torre de la catedral, desde la que se observa otra bonita panorámica de la ciudad.

Nos gustaría haber podido colgar alguna foto, pero las que tomamos ese día se han perdido por un error técnico…, así que ¡otra vez será!

Sin embargo subimos las fotos reglamentarias de la visita a las Esclusas de Miraflores, fotos que todo el que visita Panamá debe tomarse:

Ya el jueves por la tarde pusimos rumbo hacia Gamboa. Gamboa es una comunidad en plena selva a escasos cuarenta minutos de la ciudad.

Nuestro destino no se encontraba muy lejos, y solo íbamos a pasar dos días, pero Jaime y yo parecía que nos mudáramos a vivir allí. Y es que esa misma mañana cuando salíamos de casa para visitar el Panamá Viejo, en nuestro portal había mucho revuelo. Unas siete u ocho personas y un par de policías alrededor de la mesa del conserje, donde una mujer redactaba a mano un documento. La verdad es que nos llamó la atención, pero tampoco nos paramos a preguntar que había pasado.

A la vuelta, mi llave no entraba en la cerradura del portal, y nos abrió un abogado, que nos explicó que la habían cambiado por razones de seguridad. La que suponíamos dueña del edificio había estafado a su socio un millón y pico de dólares, y se había nombrado un nuevo administrador… con razón el jacuzzi del área social, no iba a funcionar “más nunca jamás”.

Esa misma tarde despidieron al que hacía las chapucillas  del edificio y al portero Benji , al que habíamos tomado bastante cariño. Tenía una cara el pobre hombre que parecía que se hubiera tragado un sable.

La recomendación del abogado, ya que nos marchábamos fuera y había copias de las llaves que no estaban en nuestro poder, fue que nos lleváramos las cosas de valor, así que cargamos con todas las cámaras, objetivos, el portátil…, ¡un show vamos!

Ya entrada la tarde desembarcamos en el Rainforest, y después de instalarnos comentamos las opciones de excursión para el día siguiente. Había para todos los gustos: pesca, piscina, visita a isla mono, y teleférico. Finalmente escogimos el teleférico, la excursión no requería levantarse a las 6 de la mañana, duraba menos tiempo, y después podíamos ir a la piscina.

Al final estuvimos acertados, aquella tarde ya llovía, y cuando nos levantamos al día siguiente la chica de recepción informó a Jaime de que se acercaba “¡tremendo aguasero!”.

Por un lado, era una pena porque nos perderíamos seguramente la mayoría de animales y pájaros que se ven durante la excursión. Pero por otro lado, contemplar la selva con este tiempo era más auténtico.

El tour que habíamos escogido incluía, el teleférico, un pequeño paseo, y la visita a un mariposario, a un serpentario y a un orquidario (¡Panamá tiene una grandísima variedad de orquídeas silvestres!).

Todo el recorrido enterito, teleférico (que no estaba cubierto más que por un estrecho techo), subida a la torre y las exposiciones, lo hicimos con el “aguasero” en la cabeza y cubiertos con unos ponchos.

La subida estuvo muy bien, las vistas increíbles y, aunque las anécdotas de nuestra guía no eran nada del otro mundo, nos hizo el paseo ameno. Al llegar a la cima, pudimos subir a una torre observatorio cubierta donde fotografiamos la  estampa desde todos los ángulos posibles.

Después del teleférico, empezó el peligro de verdad…pero para las cámaras que llevábamos. La primera en sufrir el agua fue la del padre de Jaime, luego la de Jaime, parece que la mía aguantó algo mejor. Así que las fotos que veis ¡casi nos cuestan el aparato! Los riesgos de los reporteros…

                                                                                                                                                                                (Realizada con la técnica materna…)


De vuelta al hotel comimos ligero y nos fuimos a echar un rato. Para cerrar el día aguado, un paseíto por la zona aprovechando el respiro del agua y una sesión en el spa del hotel. Un spa un poco ochentero y por separado, hombres por un lado y mujeres por otro. No tardó en llegar una de las empleadas para informarnos que los maridos Santafé se habían marchado a la piscina. Así que para allá fuimos, a pesar de que no hacía ni sol ni calor, a darnos el último chapuzón.

¡Solo nos quedaba la cena! Decidimos que ya catado lo suficiente el buffet libre, así que llamamos para reservar en el restaurante de hotel pero… estaba tooodo ocupado, a cualquier hora. Sin embargo, pícaros que somos y poco confiados en lo que pueden considerar “lleno” por aquí, nos acercamos a pesar de todo, para encontrar el salón medio vacío, con una mesa de un grupo en el centro. Cenamos bastante bien y nos retiramos sin plantar batalla a las copas.

Esto es lo que dio de si Gamboa. Al día siguiente, visitamos Albrook Mall, volvimos al Cause Way y por la tarde para acompañar a Jaime y Marisa al aeropuerto. Lo pasamos estupendamente, ¡esperamos las siguientes visitas con muchas ganas!

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2 comentarios

  1. Ernesto

    Labios de Angelina!!! jajaj buenísimo.

    27 abril, 2011 en 2:22

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