Dos Madrileños disfrutando Panamá

Bocas del Toro

Aunque nos queda mucho por descubrir de Panamá, hace poco visitamos un lugar que estaba pendiente, esta vez con mis padres: Bocas del Toro.

¡Nos vamos de visita!

Tras recoger a mis padres del aeropuerto, el pertinente filetazo de bienvenida y una noche en la cama de la tortura (que curiosamente todo el mundo parece adorar menos nosotros), ya estábamos de vuelta en Albrook, el aeropuerto para vuelos internos, y volando hacia Bocas.

Maravillosa bienvenida: una tormenta de las buenas, con sus 300 galones de puro H2O por centímetro cuadrado, de esos aguaceros que 10 segundos bastan para mojar, enjabonar y aclarar el pelo. Entre carrerillas nos metimos en la barca con las maletas y ale-hop, de camino a nuestro hotel, al que solo se puede llegar en bote.

La verdad es que el lugar es muy bonito. Son las típicas cabañas sobre postes en el mar, bien cuidadas y cómodas y con un porche trasero desde el que tirarse al mar a bucear. Por suerte, la lluvia no duró demasiado y al poco ya estábamos sumergidos, espalda al sol, persiguiendo pececillos.

Y así se pasó la tarde: hamaca, buceo, algo de siesta, un burrito para comer, un paseo  y planeando la excursión del día siguiente. El hotel tiene un camino sobre postes que se introduce en tierra firme, donde tienen una depuradora, una carpintería y un segundo muelle con hamacas, más aislado si cabe. Allí estuvimos un rato hasta que descubrimos una colmena de bichos voladores que no tomamos el tiempo de identificar.

Por la noche cenamos en el propio hotel (ir hasta el pueblo era un poco locura) y alargamos la velada todo lo que las reservas de ginebra nos permitieron, escuchando nuestros propios CDs que habíamos llevado (por cierto, para mi proveedor de música NL, Wouter, el CD de Jaime’s Initiation ¡fue todo un éxito!). Y fue demasiado, por cierto.

La sorpresa de la mañana fue que hacía un tiempo ¡muy bueno! Desayunamos, nos arreglamos y volvimos al muelle a esperar a la barca que nos llevaría a nuestro tour. Tardó mucho. Ya cansados de esperar oímos como se acercaba y como la encargada del hotel le ponía al chaval a caldo. Esto es relevante porque entre gritos o el guía no se enteró o la señora se le piró, pero el caso es que quedó nada claro que recorrido íbamos a hacer.

Esto lo comprobamos cuando nuestro capitán (un tío genial, por cierto) nos llevó a una bahía a ver delfines, cosa que nosotros habíamos descartado. Pensamos que pillaría de paso a otra cosa, así que cámara en mano quemamos con ráfagas de un lado a otro la superficie del mar. De los cientos de tomas, nos quedamos con esta de Cris, que por lo menos se puede ver el hocico del animal.

Luego llegamos a Cayo Coral, donde paramos un momento en un bar a pedir la comida, que iban a preparar mientras buceábamos por allí. Ya le comentamos al guía el error y entre divertido y nervioso nos dijo que lo arreglaría. El arreglo consistió en hacer un mix de los dos tour que al final nos vino de perlas. De hecho, no hubiéramos buceado en ese lugar con el otro recorrido y hubiera sido una pena porque efectivamente, Cayo Coral está plagado de todo tipo, forma y color de corales. Increíble, la verdad, no queríamos salir del agua.

Una vez comidos, en marcha de nuevo hacia la Isla Bastimentos, entre manglares y fondos cristalinos. Atracamos en el puerto de la isla y tras pagar un par de dólares de la entrada, nos subimos en un rudimentario camión que, parece ser, recordaba a “los de la mili”…

Una de las cosas más famosas de Bastimentos es la playa de Red Frog donde hay… pues eso, ranas rojas, además de zona de acampada, creo que un resort y olas para los surferos. Nuestro guía se dio un paseo para buscar alguna rana para fotografiar mientras una niña de unos 5 años se acercaba con dos metidas en un vaso.

–       “One dólar” – dijo ella

–       “¡Ah! Pero, ¿one dólar o un dólar?” – dijo mi madre

–       “One dólar” – respondió, dubitativa, no vaya a ser que fuera un truco de estos pieles blancas

–       “Y ¿como se llama?” dijimos

–       “Red Frog”, respondió ella con una lógica tan aplastante que poco cabía añadir.

Poco más que incluir en esta excursión que tuvo de todo, incluso algún perezoso escondido en la ramas, una iguana y bastante conversación con Noni, el capitán, que resultó ser un muy buen guía, pese a la confusión inicial. Incluso nos dio una vuelta alrededor de Bocas (pueblo) en barca antes de depositarnos en el hotel.

Allí solo nos quedaba recorrer las aguas panza debajo de nuevo, una siesta y la cena, sin mucha sobremesa que al día siguiente había que currar.

Aunque sí tuvimos tiempo, una vez en Bocas, de dar un paseo por el pueblo antes de coger el avión. Tiene un calle principal bastante pintoresca, llena de hostales, bares (sobre todo de cara al mar) y agencias para hacer recorridos por el archipiélago. También es cierto que hay casas que se caen, pero el balance es positivo. ¡Caerá una nueva visita en otro régimen más adelante!

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5 comentarios

  1. Isa Plas

    ¡Chicos! Me encantan estas fotos… Me alegro mucho.
    Un besazo

    19 abril, 2011 en 8:22

  2. Francisco

    Uau vaya espectaculo. Tiene que haber sido una pasada. Un abrazo

    19 abril, 2011 en 14:28

  3. chirla

    Jarrllll, pero qué envidia sana!!! ^_^ Y esa niña, me la comooooo!!! Un abrazo a los 2!!

    20 abril, 2011 en 8:10

  4. Jaime SG

    ¡ Bocas del Toro son fantásticas ! Están en un momento dulce: ya hay infraestructura pero sin masificación. El pueblo tiene pinta de tener una marcha (nocturna) muy respetable. La expedición consiguió, tras duro trabajo, acabar con las existencias de ginebra en Punta Caracol.
    Aviso a quien vaya a Panamá: al oir hablar en español preguntarán
    a) ¿ de dónde eres ?
    b) ¿ eres del Madrid o del Barça ?

    20 abril, 2011 en 11:16

  5. Diego (hermano de Cris)

    Chicos! Que envidia de fotos! Vosotros haciendo excursiones cada dos por tres, y yo aquí en Madrid estudiando sin parar. A ver si apruebo todas y en verano me escapo a veros. Me encantan las fotos y el blog. Cambié de dirección de mail. Os la doy esta noche. Un abrazo a los dos.

    27 abril, 2011 en 18:04

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