Dos Madrileños disfrutando Panamá

Festival de Diablos y Congos

El pasado sábado sobre las siete de la mañana pusimos rumbo hacia Portobelo, en la provincia de Colón, para asistir al Festival de Diablos y Congos.

Se trata de un espectáculo del folclore nacional, creado en 1999 con el espíritu de conservar y divulgar las tradiciones de la cultura conga. La festividad tiene lugar cada dos años.

Este año 2011, ha sido designado por Naciones Unidas como el Año Internacional de los Afrodescendientes. El festival ha aprovechado su séptima edición para apoyar, con la contribución de los afropanameños, esta causa.

Los Diablos representan a los españoles, los colonizadores, mientras que los Congos son los esclavos negros que fueron traídos por los españoles en la época de la colonización.

Portobelo se encuentra a menos de dos horas de Ciudad de Panamá, por lo que hacia las 9.30, Ernesto, Jaime y yo, ya habíamos tenido tiempo de llegar, aparcar el coche al lado de la plaza donde se iba a desarrollar el espectáculo, pasear por la antigua aduana, los fuertes…, tomar unas cincuenta fotos, e incluso encontrarnos un par de perezosos que descansaban ajenos al ajetreo que ya empezaba a sentirse en el lugar.

El primero que vimos descansaba cerca de la orilla del mar. Gracias a una pequeña caricia, el animal hizo un amago de posar para la foto, para lentamente, volver a hacerse un ovillo y seguir durmiendo a la sombra del árbol.

El segundo lo encontramos delante de uno de los fuertes, dormía plácidamente igual que su compañero, aunque con algo menos de suerte porque allí no había sombra donde resguardarse.

Y es que eran apenas las nueve y media de la mañana, pero hacia un sol y un calor de justicia. Tanto, que cuando abandonábamos el segundo fuerte -y  conocedores de la puntualidad panameña para cualquier tipo de evento- preguntamos a unos barqueros sobre la hora real del comienzo del festival (programado para las 10hs), y el precio para ir a las playas cercanas en bote.

La respuesta del tipo fue contundente, el festival no empezaría hasta las 13hs, así que acordamos con él el precio por llevarnos a la playa, y partimos hacia el coche a por los bañadores.

En plena carrera hacia el coche pasamos por la placita donde la gente empezaba a tomar posición para ver el espectáculo. Y entonces nos detuvimos (¡mal!), y después de un pequeño debate decidimos no ir a la playa (¡muy mal!), no vaya a ser que comenzara algo a tiempo por una vez. El señor de uno de los puestos nos terminó de convencer con que el festival comenzaría a la media hora (seguramente después se frotó las manos pensando en cuanta comida podría vender hasta que comenzara realmente).

Conclusión: dejamos colgado al barquero y nos dispusimos a conseguir un sitio lo más cerca posible del recinto vallado.

Los paraguas para resguardarse no de la lluvia, sino del sol


Allí estuvimos unas cuatro horas, hasta que empezó el evento.

Pasamos por todas las fases posibles durante la espera…, hasta llegar a un punto en que ya nos daba igual todo, el sol, el calor, el hambre, incluso los Congos y los Diablos. Teníamos como un pedo psicológico (y no tan psicológico porque llevábamos la cooler con cervecitas) en el que cualquier cosa nos hacía reír y cualquier remedio era bueno para el calor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Menos mal que no éramos los únicos. Los locales se desesperaban por momentos, y a su favor diremos que el público, incluso los niños, aguantó valiente hasta el comienzo de la fiesta.

 

Durante esas cuatro horas no dejaron de llegar diablos (de los otros), buses cargados de gente que iba posicionándose alrededor del escenario.

Poco a poco los protagonistas, los verdaderos diablos, tomaron el relevo en las calles, abriéndose paso hasta la plaza con bromas y burlas.

Y a las dos y media empezó la fiesta.

Las dos presentadoras después de un sinfín de agradecimientos a los patrocinadores del evento y una breve explicación acerca de la festividad, fueron dando paso a los diferentes grupos de congos y diablos, siete de cada.

El vicepresidente Juan Carlos Varela, sudando el maquillaje congo, con la reina de los carnavales de Panamá.


Las compañías ponían voz a las canciones tradicionales, ataviados con sus coloridos trajes y al ritmo de cajones y tambores.

Los Congos con sus caras pintadas de negro para acentuar sus rasgos africanos, cantaban y bailaban burlando a sus amos los diablos, que desconcertados por los congos y por los silbatos, zigzagueaban por la pista.

 

Los trajes de los diablos estaban confeccionados al detalle, grandes máscaras de color rojo y negro, que al ser levantadas descubrían otras máscaras diabólicas, enormes dientes puntiagudos, y complementos como cascabeles, látigos y bastones.

 

La espera mereció la pena, la música, los bailes y los trajes eran muy auténticos. La gente vivía la fiesta y cantaba las canciones típicas una y otra vez, empezaba a caer la tarde y el ambiente seguía animándose, ayudados seguramente por las cervezas.

Nosotros llegamos a nuestro límite de resistencia sobre las 18hs, y nos dirigimos a reponer fuerzas en un restaurante cercano (comida-merienda-cena).

A la vuelta un tranque de infarto para conseguir tomar la carretera de vuelta a Panamá.

A la mañana siguiente amanecimos endiablados, rojos, como buenos españoles.

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Una respuesta

  1. Juana

    Chicos !Enhorabuena por Congos y diablos!
    Me ha gustado mucho el color, calor, ritmo y rostro humano de esta fiesta que nos habeis narrado. Besos Juana

    6 abril, 2011 en 9:05

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